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12 de junio de 2007

Quiero que mi familia se convierta a Cristo, ¿qué hago?

Evangelizando a la familia

Mi deseo es ver a toda mi familia convertida al Señor Jesucristo. ¿Podría mostrarme o leerme algún versículo apropiado para que yo les pueda mostrar a cada uno de ellos en particular, para que ellos volteen sus ojos al Señor y puedan alcanzar la salvación?

Nos da mucho gozo saber que Ud. está interesado en la salvación de su familia. Me gustaría recomendarle tres cosas importantes a este respecto.

Primero, ore a Dios por la salvación de su familia. Aun cuando su familia se muestre apática o inclusive opuesta al mensaje del Evangelio, no se desanime, persista en oración ferviente por la salvación de ellos. La oración eficaz del justo puede mucho dice la palabra de Dios.

Segundo, aproveche cada oportunidad que se presente para compartir el mensaje del Evangelio tanto en forma verbal como sin palabras. En forma verbal cuando haya ocasión de testificar a favor de Cristo, mostrando que él es el único camino al Padre. En forma no verbal o sin palabras, en toda otra ocasión. Esto tiene que ver con su conducta como creyente. Deje que sus acciones brillen como una lámpara en un lugar obscuro. A veces una acción habla mejor que mil palabras. Procure servir a su familia, recordando aquel axioma que aquel que no vive para servir no sirve para vivir.

Tercero, aproveche las oportunidades que brinda su iglesia local para invitar a su familia a actividades especiales donde se va a predicar la palabra de Dios. Puede ser que Dios toque el corazón de alguno de sus familiares por medio del mensaje de algún vocero de Dios.

Pero su consulta tiene que ver con algún pasaje bíblico que Ud. podría usar para testificar a su familia. Bueno, existen tantos pasajes bíblicos pero Ud. básicamente debe pensar en cuatro cosas importantes.

Primero, debe pensar en hacer que sus familiares reconozcan que son pecadores. Es posible que sus familiares piensen que son buenas personas y que por tanto no necesitan de la salvación. Pero Ud. podría utilizar pasajes como Romanos 3:23 para mostrar que según Dios todos somos pecadores aunque nosotros no pensemos así de nosotros mismos.

Romanos 3:23 dice: "Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios"

Las demandas de Dios son demasiado elevadas. Son tan elevadas que no existe ser humano que pueda cumplirlas. Por eso dice la Biblia que todos quedamos cortos del ideal de Dios. Sus familiares son pecadores aunque no hayan cometido todos los pecados de la lista.

Segundo, debe pensar en hacer que sus familiares reconozcan que por ser pecadores están en peligro de ser condenados al castigo eterno. Es algo muy serio ser pecador. Para mostrar el peligro en el cual está todo pecador podría usar textos como la primera parte de Romanos 6:23 que dice: "Porque la paga del pecado es muerte"

En este punto es necesario que Ud. explique que cuando este texto habla de muerte, no se está refiriendo solo a la muerte física, sino a algo mucho más serio. Se refiere también a la muerte eterna o dicho en otras palabras a una eterna separación de Dios en un lugar de tormento en fuego. No tenga temor de hablar del castigo en fuego para el pecador que rehúsa la salvación en Cristo. Eso es lo que enseña la Biblia. Mire lo que dice Apocalipsis 20:15 que dice: "Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego"

Tercero, debe pensar en hacer que sus familiares reconozcan que Dios ama al pecador aunque aborrece el pecado y que por ese amor, Dios ha diseñado una forma por la cual el pecador pueda librarse del castigo eterno. Para mostrar esta verdad puede usar ese hermoso versículo que se encuentra en Juan 3:16 que dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

El amor de Dios al pecador es de tal magnitud, que le movió a hacer algo maravilloso, algo imposible de ser entendido por la mente finita. Dios entregó a su Hijo amado, a su Unigénito, para que tome el lugar del pecador y reciba de Dios todo el castigo que el pecador merece. Fue por esto que Jesucristo murió en la cruz del calvario. Note lo que dice Romanos 5:8 que dice: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros".

Cuando en este texto leemos que Cristo murió por nosotros, significa que Cristo murió en lugar de nosotros, en lugar del pecador. En mi lugar y en su lugar. Cristo pagó todo lo que todo pecador debe pagar por su pecado. En cuarto lugar, debe pensar en hacer que sus familiares reconozcan que para recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna, lo único que necesitan hacer es recibir por fe el regalo de Dios. Para mostrar esta verdad, puede usar textos como Juan 1:12 que dice: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".

La obra de Dios para perdonar y salvar al pecador está terminada. Pero no solo que está terminada, sino que está disponible para todo pecador que quiera aprovechar de sus beneficios. Lo único que tiene que hacer el pecador es recibir esa obra de Dios. Recibir significa un acto de fe por el cual el pecador acepta que Jesucristo ha muerto en el lugar que a ese pecador le correspondía y que por tanto ese pecador ya no tiene que pagar por sus pecados por cuanto Cristo ya pagó por ellos.

El pecador entonces tiene que hablar con Dios y decirle algo como esto: Dios, soy pecador, estoy separado de ti, estoy en camino a la condenación eterna, pero sé que tú me amas y que diste a tu Hijo para que muera por mi en la cruz. En este momento yo recibo a Cristo como mi Salvador. Gracias por darme la vida eterna.

Cuando un pecador habla a Dios en estos términos, totalmente convencido de lo que está diciendo, entonces ese pecador queda perdonado de sus pecados y llega a ser hijo de Dios y dueño de la vida eterna. Llegar a este punto no es cosa fácil para el pecador. Es un proceso que toma tiempo y esfuerzo para vencer los obstáculos en el camino. Es algo en lo cual debe intervenir el intelecto, por medio de conocer intelectualmente los hechos que hemos señalado.

Luego debe intervenir las emociones por medio de una tristeza por haber ofendido a Dios con el pecado y por el elevado precio que tuvo que pagar Dios para resolver el problema del pecado del hombre, finalmente debe intervenir la voluntad por medio de recibir a Cristo como Salvador. Cuando sea el tiempo de Dios actuará la voluntad y la persona llegará a ser salva. Así que no se desanime si sus familiares actúan como si no lo entendiera o como si no estuvieran interesados en esto. Persevere en oración y con su testimonio con palabras y sin palabras y confíe en Dios en que él hará la obra en su debido tiempo.

¿Quiénes pueden predicar el evangelio?

Compartiendo el evangelio enseñando la Biblia

¿Pueden predicar el Evangelio las personas que nunca han sufrido alguna prueba? He oído que solamente los que han pasado por grandes pruebas pueden predicar el Evangelio, porque tienen algo interesante que contar.

El predicar el Evangelio, o mejor, el anunciar el Evangelio, para no dar a entender que solamente estamos hablando de predicar el Evangelio desde un púlpito, es tarea de todo creyente. Eso es lo que el Nuevo Testamento nos enseña en lo que se da por llamar La Gran Comisión.

Mateo 28:19-20 dice: «Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén.»

Este mandamiento, es general, para todo aquel que ha confiado en Cristo como su Salvador. Nuestra responsabilidad es anunciar las Buenas Nuevas de Salvación o el Evangelio a todas las personas en todo el mundo. Las personas que respondan al Evangelio, recibiendo a Cristo como Salvador, necesitan luego ser discipuladas, por eso dice el texto que debemos ir y hacer discípulos a todas las naciones.

Como resultado del discipulado, los nuevos creyentes llegarán a saber que necesitan bautizarse en agua en cumplimiento del mandato de Cristo y aprenderán a vivir conforme a lo que Dios ha dicho en su Palabra. Pero esta tarea no es solamente para los pastores o para los que han experimentado alguna prueba difícil y tienen algo para contar a sus oyentes. Esta tarea es para todos en absoluto.

No importa si seamos pastores o no, no importa si hayamos o no sufrido alguna prueba difícil en nuestras vidas. Ciertamente que no todos podremos predicar el Evangelio desde un púlpito o a través de la radio o a través de la televisión, pero todos nosotros podemos anunciar el Evangelio personalmente a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros familiares.

Todos nosotros podemos entregar un folleto evangelístico. Todos nosotros podemos predicar el Evangelio sin palabras, por medio de nuestro ejemplo, por medio de nuestras vidas transformadas por el poder de Dios a raíz de que fuimos salvos.

Recuerde que la gente incrédula no se va a salvar por oír interesantes testimonios de personas que han atravesado por severas adversidades antes o después de recibir a Cristo como Salvador. La gente incrédula se va a salvar por oír con fe los hechos del Evangelio y por depositar su fe en esos hechos y por dejar que se mueva su voluntad para recibir a Cristo como Salvador.

Las historias interesantes para contar de lo que éramos antes de conocer a Cristo, puede ser que en algo colaboren a la salvación de una persona, en el sentido de ayudar a ver como Dios salvó a alguien, pero definitivamente, lo que transforma a una persona es el poder del Espíritu Santo y el testimonio de la palabra de Dios.

Así que, si Ud. no tiene nada interesante para contar de su propia experiencia, no se preocupe por eso, sea fiel anunciando el Evangelio y dejando que sea el Espíritu Santo quien grave ese evangelio en el corazón de los que escuchan su mensaje. Dios no nos ha llamado a ser los salvadores de la gente, Dios nos ha llamado solamente a anunciar su mensaje de salvación. Quien salva a la gente es Dios, no nosotros.

Por, David Logacho.

¿Cómo evangelizar eficazmente?

Evangelizando repartiendo tratados

El bus avanzaba lentamente sobre la autopista. Una señora, por el pasillo central, se abría paso a pesar de su gordura mientras que un ejecutivo—a decir por su vestido elegante—desafiaba la gravedad de los ires y venires del automotor, intentando leer el diario.

A su lado tenía a un joven que escuchaba música con audífonos, conectados a un radio muy pequeño. Le miró, sonrió y señaló la pequeña Biblia que llevaba entre sus manos:

--Buena onda… Mi madre también la lee—dijo, y siguió tarareando una canción.

No supo qué decir ni qué hacer en aquella circunstancia. Unas cuadras más allá, el muchacho se bajó. Después de timbrar para pedir que abrieran la puerta, le echó una última mirada y se despidió:--Que tenga buen viaje…--

Dejó ir una oportunidad única para hablar de las Buenas Nuevas a aquél estudiante.

El vecino de la tienda es formal. Sabe que enfrenta problemas porque, a primera hora de la mañana y mientras va a tomar el autobús, lo ha escuchado discutiendo.
--No sirves para nada—le grita su mujer--. Un inútil es mejor que tú--.
--No te quejes, mujer, hago lo que puedo. El micromercado nos da para vivir—se defiende él.
--Sí, pero hace falta más para sobrevivir—se queja ella.
Lo ha visto deprimido muchas veces, mientras le despacha el pan, la leche y las legumbres.
--¿Todo bien?—le preguntó alguna vez.
--Todo bien…--respondió el hombre, sin mucha convicción.

Desperdició otra buena oportunidad de testificar de Jesucristo.

Su esposa no asiste a ninguna iglesia. Está cansada de oír malos testimonios de pastores, obreros y líderes que han fallado a su llamamiento. "La esposa de don Juan se fue con el líder de caballeros. Tremendo. ¡Parecía una santa!", comentó alguna vez.

El día que lo vio llegar con una Biblia, se molestó bastante. Le recriminó: "¿Te volverás fanático como todos ellos?". Acentuó sus palabras con un dejo de ironía.
Él intentó evangelizarla. Le habló del tremendo pecado en que ella se encontraba, del peligro que corría de ir al infierno y del castigo que vendría sobre su vida si no se convertía a Cristo.
--Basta ya de tus sermones, Manuel. Así no me vas a convencer—le refutó ella visiblemente enojada.
¡Había dejado escapar nuevamente una oportunidad de evangelizar!

¿Qué hacer entonces?

Nuestro mundo sumido en profundas crisis, reclama respuestas antes que fórmulas mágicas o sermones que señalan, acusan y ofrecen una visión desdibujada de Dios, presentándolo como el señor castigador e inmisericorde que no alberga un ápice de amor en su corazón. Testimoniar de Jesús el Señor, de manera práctica, sencilla y eficaz, comienza con nuestro testimonio de vida.

Usted que ha sido llamado por Dios para servirle; no puede darse el lujo de ser intrascendente, improductivo, sin que haya crecimiento en su existencia—a nivel personal y espiritual—, sumido en un progresivo estancamiento que apunta a convertirse en un revés tremendo.

El Señor Jesús fue claro al señalar: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, él os lo dé" (Juan 15:16).

Aprendemos en este pasaje Escritural que desde antes de la fundación del mundo, Dios nos había escogido. Él espera que no nos quedemos girando en un mismo círculo sino que vayamos a las personas que se encuentran alrededor. Además su propósito desde la eternidad es que llevemos fruto, es decir, que se manifieste en nosotros el poder divino por el cual nos movemos y que nos gobierna.

Pregúntese ahora, ¿ven los demás en mí a Jesucristo o quizá aprecian de qué manera los principios del mundo están gobernando mis pensamientos y acciones?
Llevar fruto es abrir el corazón para que Dios cumpla su propósito en cada uno. No nosotros en Él, sino Él en nosotros. Entregarle todas las llaves de nuestro ser, para que entre sin ningún tipo de restricción y opere los cambios que necesitamos en las áreas emocional, física y espiritual.

Siempre he imaginado esta escena como alguien que, tras recibir a Jesucristo en su corazón, le abre las puertas de su casa. El amado Hijo de Dios entra a cada habitación, a la sala, al comedor, a la cocina, al cuarto de baño y a los corredores—y muy a pesar nuestro—pone las cosas en orden. Y digo que a pesar nuestro, porque nos gusta manejar las cosas, tener el control de todo, y si algo se nos dificulta, es permitir que el Maestro nos convierta en la persona que Él quiere que seamos, conforme a su plan perfecto, concebido desde antes de todos los tiempos.

¿Estás llevando frutos?
Cuando llevamos fruto, sin mucho esfuerzo, sólo dejando que el Espíritu Santo fluya en nuestro ser—en lo que pensamos y hacemos—los demás serán evangelizados con el ejemplo antes que con las palabras. Querrán tener aquello que opera y se mueve en nosotros.

El Señor Jesús lo explicó de la siguiente manera: "Él quita todo pámpano que en mí no lleva fruto; y poda al que lleva fruto, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la Palabra que os he hablado, Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; tampoco vosotros, si no permanecéis en mí" (Juan 15:2-4).

Una lectura cuidadosa del pasaje le llevará a descubrir que el Maestro espera que no seamos improductivos; eso por una parte, y por otra que nuestro fruto sea visible. Si tenemos a Dios moviéndose en lo más íntimo de nuestra existencia, Él seguirá tratando con cada uno para que llevemos más y más fruto, y recibamos más y más de Él. ¿Se ha dado cuenta de la grandeza de este principio bíblico? Entre más tiene de Dios y más busca de Él, más recibirá.

Es evidente que debe producirse un crecimiento personal y espiritual en el cristiano. Es lo que espera el Supremo Hacedor. Crecer hasta llegar a la estatura de Cristo. Y las almas que ganemos para el Reino de Dios, deben igualmente observar ese desarrollo. Deben llegar a ser imagen y semejanza del Redentor.
Dejando de lado todo lo aprendido.

Cuando usted y yo recibimos a Jesús como único y suficiente Salvador, debemos dejar de lado todo lo aprendido. Significa asumir nuevos valores y principios aprendidos con la Biblia, los cuales sin duda van en contravía de las pautas que nos gobernaron durante los años de mundanalidad. Este proceso no es fácil. Puede desatarnos confusión. Sin embargo, estar en el camino del Evangelio se relaciona estrechamente con renovar nuestra forma de pensar y de vivir.

El apóstol Pablo aludió a este aspecto de importancia al escribir: "Porque por la Ley he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el hijo de Dios, quien me amó`, y se entregó a sí mismo por mí." (Gálatas 2:19, 20).

Es muy probable que tengamos conocimientos académicos e incluso teológicos, pero tales nociones no garantizan que en la vida llevemos fruto como cristianos. Es en Dios, dependiendo de Dios y moviéndonos en Dios, como llegamos a ser realmente fructíferos.

¿Cuáles son los pasos que debemos dar?

En esencia quiero compartir con usted dos pasos esenciales:

El primero, que todo cuanto haga, nazca de una íntima relación con Dios en oración, estudio de la Palabra y sometimiento a Su voluntad.
El segundo es que las personas alrededor, comenzando por nuestra familia, deben recibir testimonio de que somos cristianos por nuestros hechos los cuales—una vez sean manifiestos—deben ir acompañados de palabras.

No se puede concebir que pretendamos evangelizar si vivimos mundanalmente, deshonramos al Señor con nuestras acciones y ni siquiera tomamos tiempo para orar.

La dependencia de Dios es un tercer paso que debemos tener en cuenta siempre. Yo puedo predicar un muy buen mensaje aludiendo al razonamiento, al estudio de la raíz lingüística de las palabras que utilice, del contexto socio-político y religioso del pasaje que utilice e incluso, de las tradiciones de la época. Pero no pasará de ser una buena conferencia.

Si por el contrario mis palabras, así sean una sencilla conversación para compartir el Evangelio con alguien, están regadas por la unción que proviene de una íntima relación con el Padre celestial, sin duda serán más efectivas que cualquier tratado de evangelismo.

Usted puede ser un ganador de almas productivo. Pero debe vivir el proceso que incluye: crecimiento, dependencia de Dios y visión por el Reino. Animo. La victoria está asegurada si vamos tomados de la mano del Señor Jesucristo en cada paso.

Por Fernando Alexis Jiménez.